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14 junio 2009

Invisible en el gimnasio


Últimamente mi amigo invisible me visita poco, pero entiendo que está en un momento dulce de su vida, conoció a un chico con el que ha iniciado una relación, y a todos nos pasa que en el comienzo de las relaciones nos volcamos en ella, y queremos pasar todo el tiempo posible junto al objeto de nuestro ardor.
A mi me alegra mucho ver que está feliz y contento, le hacía falta algo así después de una temporada de traspiés. El hecho de ser invisible no quita para que sea una persona que necesita tener alguien a su lado, pues es de los que les gusta vivir en una relación, y estando soltero se siente perdido.
Solo coincidimos con la rutina del entrenamiento que, por suerte, no ha abandonado. Por suerte para mi, porque así no entreno solo, y por suerte para su pareja, que disfrutará de los resultados del entrenamiento.
De vez en cuando le llamo al orden diciéndole que hay que simultanear el tener una relación, con mantener las amistades, pues la vida se compone de una serie de pilares, y los amigos son uno de los pilares que mejor nos sustentan. Él me escucha, pone la misma cara que yo pondría intentando leer un libro en arameo, y luego sigue con la conversación que corresponda. Como sé que de donde no hay no se puede sacar, no se lo tengo en cuenta, pero me quedo muy a gusto después de decírselo.
El otro día, en el gimnasio, estábamos entrenando triceps en la polea, como son pocas, cuando la pillamos libre la acaparamos para hacer todos los ejercicios de ese día, antes de perder el turno. Siempre hay alguien que viene a preguntar cuánto nos queda para dejarla libre. Ese día se nos acercó Jesús, un chico que suele hablar con nosotros, y me pregunta por mi dieta y programa de entrenamiento, para contrastar con lo que él hace. Un día, hablando, mencionó el hecho de que tiene un hijo, yo sabía que tenía novia, pero no que era padre, y entre ejercicio y ejercicio me enseñó la foto del niño que llevaba en el móvil. Cuando lo vi no pude evitar decirle que era muy guapetón (realmente lo era) y me hizo gracia darme cuenta de como cambia uno depende de con quien hable. Al tio hetero del gimnasio le dije que su hijo era muy guapetón, cuando a mis compañeras de trabajo, cuando me enseñan las fotos de sus hijos les digo que sus hijos son "monísimos". Quiero pensar que cambio mi registro dependiendo de con quien hable, y que eso, como decía mi profe, es tener cultura y educación: adaptar tu vocabulario al receptor con el que te comuniques.
Jesús se acercó con la intención de saber cuánto nos quedaba en la polea, pero en vez de preguntar eso, lo que dijo fue:
- Pregúntame algo (a modo de saludo).
A mi amigo invisible, como le pilló desprevenido la pregunta no se le ocurrió otra cosa que contestar con una broma que solo él y yo, y cualquier rubia de película americana entendería:
- ¿Qué shampoo usas?
En ese momento nos dio el ataque de risa a ambos, mientras Jesús ponía la cara de hetero que no se entera de la broma, pero que sabe que nos estamos riendo con él. Desconcertado, decidió hacer como si no hubiera escuchado la pregunta, e ir a lo suyo.

23 febrero 2009

MI AMIGO INVISIBLE


Hoy volvía del gimnasio con mi amigo invisible, con el que suelo entrenar. Creo que aún no he contado aquí que tengo un amigo invisible, me acompaña al gimnasio, a veces hemos salido de marcha juntos, también ha venido conmigo de vacaciones, y la mayor parte del tiempo hablamos en inglés. Yo no sé por qué será que nos ponemos a charlar y acabamos en un spanglish que ni pa ti ni pa mi, un poco de aquí y un poco de allá, ora un "ya tá tú ahí", ora un "are you there already". La cuestión es que mi amigo invisible tiene un poco de mal carácter, siempre anda quejándose por todo, tiene una fobia espantosa contra la gente gorda y fea, y yo no paro de decirle que todo el mundo no puede ser tan perfecto como él, con sus ojos azules y su pelo rubio, su estatura por encima de la media y su culo bien plantado. Pero me ha salido un amigo invisible opuesto totalmente a mi, resulta que no le gusta que el vecindario se haya llenado de marroquíes, de gente de color (negros, vamos), de señoras con el culo gordo y gritonas, y adolescentes que ya no lo son tanto pero que se reúnen en una esquina a compartir el porro de la tarde.
A mi me revienta que un miembro de una minoría como él (porque mi amigo invisible también es gay) sea xenófobo (¿puede existir una minoría menor que la suya, invisible y gay?) , yo que siempre he tenido una especial empatía con aquellos miembros de cualquier minoría (claro, para algo pertenezco yo a una también), y ahora resulta que me lo tengo que comer dentro de casa. Es un decir, porque lo mismo está en casa, que en el coche, que en el gimnasio, como solo lo puedo ver cuando él decide manisfestarse...
La cuestión es que hoy, de regreso del gimnasio, íbamos en coche (¡viva el ejercicio!) y delante de nosotros se para una moto en medio de la calzada, el conductor parecía estar buscándose algo entre todos los bolsillos, y al echarlo de menos se paró en seco. Consiguiente frenazo nuestro, y comentario de mi amigo: "No tiene otro sitio donde parar, y encima es gordo y feo, fucking hell! " Sorprendido por su reacción le digo que parece que tiene mucha ira acumulada contra el mundo, y le suelto la perorata: "Tienes ira acumulada porque te equivocas al fijar tu mirada, la pones en lo negativo de la sociedad (que hay mucho) en lugar de enfocarla en las cosas positivas y bonitas de este mundo y de esta sociedad como la sonrisa de un niño, un atardecer de fuego, una polla grande y gorda... Esto.... mmmm, ¿lo he dicho o lo he pensado?" Y mi amigo invisible me contesta: "lo has dicho, pero tienes toda la razón, you are totally right, mate, there is nothing better than a big and thick cock".