29 julio 2009

Abismos


No recuerdo cómo he llegado hasta aquí, ni lo que lo ha motivado, pero sé que tengo que seguir adelante, moverme, no me puedo quedar parado, aunque lo que me pide el cuerpo es dejarme caer en cualquier sitio, da igual la postura y la incomodidad, solo dejarme caer.
La luna me permite ver lo que tengo a pocos metros, corriendo hacia ella intento evitar hacer círculos, camino tambaleante entre plantas, troncos, arbustos, algunos me rozan las piernas, otros la cara, en algunas ocasiones consigo esquivar el golpe de una rama baja agachando la cabeza, pero la luz es tan tenue que difícilmente me alcanza para intentar no caerme con los obstáculos.
Nunca me ha gustado el bosque de noche, me atemoriza, no sé orientarme en él y me siento vulnerable, pero no tengo más remedio que seguir adelante sin saber dónde estoy ni a dónde me dirijo.
Sólo sé que estoy huyendo, huyendo de los ruídos de ramas quebrándose que oigo detrás de mi, hay alguien siguiéndome, observándome, quizás jugando conmigo mientras me ve intentar escapar de no sé qué situación.
No consigo mantener el ritmo de la respiración, y sé que eso es lo primordial para poder seguir adelante, por eso intento controlarla sin demasiados resultados. De pronto oigo el crujir de las ramas unos metros detrás de mi, me paro para intentar localizar el sitio exacto, y lo único que consigo oir en el silencio de la noche es el sonido de animales cuyos nombres desconozco, parece como si se estuvieran riendo de mi al verme tan torpe en su mundo cotidiano.
Grito, pregunto quién está ahí, qué es lo que quiere, contesta un silencio de ultratumba, los animales se han puesto de acuerdo para acallar sus risas.
Reanudo mi carrera, vuelvo a coger el ritmo y la respiración, sigo esquivando obstáculos en el suelo y en el aire, esas ramas que me arañan la cara, los hombros y el cuello. De pronto siento que el suelo desaparece bajo mis pies, y me agarro a un tronco que encuentro a mi lado, un pie me cuelga en el aire, la otra pierna aún se apoya en la tierra, flexionada, arañada por las piedras de alrededor.
Miro hacia abajo, solo un abismo de oscuridad es lo que me ofrece esta luna, y pienso un segundo dejarme caer por el abismo, el cansancio hace mella y sé que esa sería una salida fácil. Difícil decisión, dejarme caer y no pensar más, aferrarme más fuerte al tronco y seguir huyendo de aquello que me persigue, sin saber a dónde dirigirme...

28 julio 2009

Sombras que se ciernen sobre mi


LA DEL MUNDO



Y LA MÍA PROPIA
Soy una sombra andando por este mundo,
me atravieso en el camino que recorre
la luz del sol al posarse sobre él.
Si intentas asirme solo hay aire,
si te acercas me esfumo como el humo.

25 julio 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres



Acabo de terminar este libro, es la trilogía de la temporada, Millenium 1; no suelo comprar Best Sellers, no me gusta apoyar lo comercial, lo que la masa decide comprar solo porque suena mucho aunque no lleguen ni a leerlo, para leer ese tipo de libros recurro a la Biblioteca Municipal, que de todas formas lo va a adquirir. Para invertir mi dinero prefiero hacerlo en títulos de autores poco conocidos o que están comenzando, como una forma de apoyar esa "industria", contribuyendo con mi granito de arena.
Pero llevaba cierto tiempo sin leer, con pocas ganas, poco tiempo o una mezcla de ambas cosas, y cuando tuve un rato libre, sentí la necesidad de tener un libro entre las manos. Había soñado con ese libro (seguramente a causa de oir hablar de él hasta en la sopa), y como en ese momento tenía más necesidad de engancharme a un libro que de promocionar la literatura de "minorías", me fui a un centro comercial (ni siquiera a una librería) y lo compré.
Empecé a leerlo como forma de ahuyentar un momento de aburrimiento, y acabó enganchándome tanto que lo terminé a las tantas de la noche de un día laborable, sabiendo que me pasaría factura a la hora de levantarme. Me dio igual, estaba enganchado y tenía que llegar hasta el final de la historia, me costara lo que me costara.
Solo puedo decir que lo he disfrutado mucho, puede que al principio no se le vea mucho color, pero poco a poco va tomando cuerpo, rapidez, y la intriga te hace deslizarte por las páginas a toda velocidad.
Supongo que dentro de poco me iré a por el segundo de la trilogía, o esperaré a que en la Biblioteca Municipal lo adquieran.

11 julio 2009

Orgullo gay ¿fiesta o reivindicación?


El fin de semana pasado viví por primera vez la experiencia del Orgullo Gay en Madrid, siempre había querido ir pero por unas cosas u otras nunca lo había hecho (en realidad es porque hay que planearlo con anticipación para tener alojamiento y billetes, y cada vez me cuesta más planificar con mucha antelación).
Juan Carlos lo planeó por mi y yo me dejé llevar, compró los billetes con la tarifa económica y organizó el alojamiento en casa de sus amigos, me ha cogido el punto y sabe que conmigo lo mejor es darme el proyecto desarrollado y no aceptar un no por respuesta.
El viernes me levanté con la emoción del niño que va a la feria y se va a montar en todas las atracciones, ya en el AVE no podíamos parar de hablar, y al llegar a casa de nuestro anfitrión el tiempo justo para una ducha y salir a cenar.
Después de la cena nos zambullimos en el mar de personas que rodeaban la Plaza Vazquez de Mella, imposible caminar por allí, nos fuimos a la Plaza del Rey. Nos encontramos con un montón de "delegaciones" de Málaga, y fuimos charlando con unos y otros. Esa noche acabamos desayunando un bocadillo de jamón serrano, y hablando con unas chicas canarias que acababan de llegar para la manifestación.
La manifestación fue el momento culminante del fin de semana, la vimos en la Puerta de Alcalá, desde donde partían todas las carrozas, poco a poco nos fuimos juntando amigos de Málaga y otros que viven en Madrid, mucha cerveza y muchos cuerpos semidesnudos a nuestro alrededor. El colorido, la libertad, el buen rollo, las ganas de pasarlo bien, todo eso se reflejaba en la actitud de las miles de personas que nos rodeaban. Cada conocido llegaba con algún amigo que era presentado en sociedad, nos hacíamos fotos, bailábamos al son de cada carroza, intentábamos encontrar famosos entre el público o participantes de las carrozas, y hasta Torremolinos tenía su propio destacamento en forma de carroza llena de tíos conocidos.
Este año se reivindicaba la lucha contra la homofobia en la escuela, pidiendo una escuela laica, el principio de la manifestación tenía su pancarta con políticos conocidos para dar ese toque de formalidad a la lucha por la igualdad y la libertad.
Para mi supuso la primera vez que una reivindicación no estaba envuelta en caras serias y silencio, por el contrario, se desprendía felicidad y risas, ruido y música. El homosexual siempre ha tenido que sacar los pies del plato para intentar vivir su vida de una forma plena, la diferencia siempre asusta a las masas, y creo que también en la forma de reivindicar el colectivo homosexual escoge su forma de hacerlo. Algunos creen que esta forma de reivindicar desacredita el objetivo, personalmente, tras haberlo experimentado, creo que en absoluto ocurre eso. Hay homosexuales de todo tipo, es un "colectivo" en el que cabe de todo, precisamente por haber sido incomprendido a lo largo de la historia, una vez se ha hecho visible, permite englobar a todo tipo de personas, tanto los que están, como los que no están, pues los derechos reivindicados, cuando son conseguidos, son aplicados a todos en general, incluso a los detractores de este tipo de actos. Y con eso es con lo que me quedo, que todo el mundo tiene cabida, los heterosexuales abiertos de mente, los homosexuales estereotipados, los homosexuales que huyen del estereotipo, los que no se consideran incluidos en el colectivo, y los heterosexuales que respetan la igualdad.
Le decía a Juan Carlos que se ha convertido en una especie de fiesta laica en la que participan mucha gente independientemente de su orientación, para mi podría convertirse en mi particular peregrinación, como los rocieros, pero sin el halo de religiosidad.

29 junio 2009

El salto del ángel.
























Julián envía un e-mail en contestación al de Juan, es bastante escueto:
"Ha sido un placer conocerte este fin de semana. No es común que dos personas, desde el minuto cero, se entiendan tan bien, que haya buena comunicación, tanta atracción, y que el sexo sea tan placentero. Es una pena que no vivas aquí".
Ese es el punto de partida, a partir de ese momento Juan tira ese muro que se ha creado como forma de protegerse, y se lanza a la piscina de cabeza, desde un trampolín alto dando una pirueta antes de entrar al agua.
"Te mando fotos mías para que no se te olvide mi cara, a mi me pasa que tengo una memoria visual a muy corto plazo".
Días más tarde, Julián recibe una llamada en su móvil desde un número internacional:
-¿Hola?
-Hola, ¿qué tal? Soy Juan, me apetecia escucharte.
Inician una conversación de una hora, que se repite a lo largo de los días. En esas horas de conversación van asomando tímidamente las cartas de póker, y poco a poco se vuelve un juego más descarado.
Empiezan a planear un nuevo encuentro, Juan le propone visitar a Julián para su cumpleaños, un mes más tarde. Necesita la confirmación. Julián aprovecha el sábado por la mañana para llamarlo dándole la confirmación que Juan necesita. Vuelven a conversar por más de una hora, y en esas conversaciones cada uno transmite al otro como es su vida, su día a día, sus respectivas cotidianeidades. Juan recibe esa llamada como un impulso, la llamada potencia esa sensación de seguir conociendo al otro, y el otro se siente especial por conseguir el interés de Juan hasta el punto de que viaje 2.266 km para verlo solo un fin de semana, el de su cumpleaños.
Queda un mes por delante, en el cual mantendrán el contacto a través de Skype, sustituyendoo la factura telefónica por videoconferencias eternas, en las que ambos empiezan a desnudarse interior y exteriormente. Julián visita virtualmente el hogar de Juan, éste comparte sus libros, sus objetos de decoración que ha ido adquirendo en sus frecuentes viajes por Asia, muestra su ropa interior, sus bañadores, incluso el armario profesional, trabaja en la central de una empresa multinacional a la que acude con trajes sobrios, con un toque moderno, camisas de color liso y corbatas lisas o rayadas, imagen que a Julián le resulta muy sugerente, sexy.
La pantalla del portátil se convierte en la ventana de comunicación entre ambos mundos, tan diferentes y parecidos a la vez.
Aprenden a mirar a la cámara cuando se transmiten el cariño que ya ha comenzado a emerger, es algo recíproco, aprenden a hacer zoom cuando hablan de sentimientos, a reír delante de un ojo que todo lo capta, y construyen un ritual diario de llamarse para desearse las buenas noches, conversaciones que siempre se alargan irremediablemente.
Los días van pasando y se acerca la fecha del reencuentro.

14 junio 2009

Invisible en el gimnasio


Últimamente mi amigo invisible me visita poco, pero entiendo que está en un momento dulce de su vida, conoció a un chico con el que ha iniciado una relación, y a todos nos pasa que en el comienzo de las relaciones nos volcamos en ella, y queremos pasar todo el tiempo posible junto al objeto de nuestro ardor.
A mi me alegra mucho ver que está feliz y contento, le hacía falta algo así después de una temporada de traspiés. El hecho de ser invisible no quita para que sea una persona que necesita tener alguien a su lado, pues es de los que les gusta vivir en una relación, y estando soltero se siente perdido.
Solo coincidimos con la rutina del entrenamiento que, por suerte, no ha abandonado. Por suerte para mi, porque así no entreno solo, y por suerte para su pareja, que disfrutará de los resultados del entrenamiento.
De vez en cuando le llamo al orden diciéndole que hay que simultanear el tener una relación, con mantener las amistades, pues la vida se compone de una serie de pilares, y los amigos son uno de los pilares que mejor nos sustentan. Él me escucha, pone la misma cara que yo pondría intentando leer un libro en arameo, y luego sigue con la conversación que corresponda. Como sé que de donde no hay no se puede sacar, no se lo tengo en cuenta, pero me quedo muy a gusto después de decírselo.
El otro día, en el gimnasio, estábamos entrenando triceps en la polea, como son pocas, cuando la pillamos libre la acaparamos para hacer todos los ejercicios de ese día, antes de perder el turno. Siempre hay alguien que viene a preguntar cuánto nos queda para dejarla libre. Ese día se nos acercó Jesús, un chico que suele hablar con nosotros, y me pregunta por mi dieta y programa de entrenamiento, para contrastar con lo que él hace. Un día, hablando, mencionó el hecho de que tiene un hijo, yo sabía que tenía novia, pero no que era padre, y entre ejercicio y ejercicio me enseñó la foto del niño que llevaba en el móvil. Cuando lo vi no pude evitar decirle que era muy guapetón (realmente lo era) y me hizo gracia darme cuenta de como cambia uno depende de con quien hable. Al tio hetero del gimnasio le dije que su hijo era muy guapetón, cuando a mis compañeras de trabajo, cuando me enseñan las fotos de sus hijos les digo que sus hijos son "monísimos". Quiero pensar que cambio mi registro dependiendo de con quien hable, y que eso, como decía mi profe, es tener cultura y educación: adaptar tu vocabulario al receptor con el que te comuniques.
Jesús se acercó con la intención de saber cuánto nos quedaba en la polea, pero en vez de preguntar eso, lo que dijo fue:
- Pregúntame algo (a modo de saludo).
A mi amigo invisible, como le pilló desprevenido la pregunta no se le ocurrió otra cosa que contestar con una broma que solo él y yo, y cualquier rubia de película americana entendería:
- ¿Qué shampoo usas?
En ese momento nos dio el ataque de risa a ambos, mientras Jesús ponía la cara de hetero que no se entera de la broma, pero que sabe que nos estamos riendo con él. Desconcertado, decidió hacer como si no hubiera escuchado la pregunta, e ir a lo suyo.

13 junio 2009

En la orilla


Camino al atardecer por la orilla de mi alma, pequeñas olas lamen mis pies, no puedo evitar girar mi cabeza para ver lo que ha quedado atrás, pero no tengo miedo a convertirme en una estatua de sal.
Hormigas recorren mi orilla, estelas de huellas que longitudinalmente dibujan tramos de tiempo.
Muy a lo lejos veo la orilla lisa, virgen, sin marcas, sin pisadas, sin piedras ni deshechos marinos.
A menor distancia comienzo a ver huellas, esparcidas aquí y allá, que solo han dado un par de pasos sobre ella.
A medio camino veo pisadas que recorren un gran tramo de esta orilla, sobre la que han permanecido muchos pasos, casi todos en línea recta, con alguna curva, algún desvarío, y que han ayudado a construir esta playa en la que me encuentro.
Algunas huellas son profundas, se hunden en la árena húmeda excavando grandes huecos que difícilmente podrán rellenarse. Entre éstas, las hay que recorren un gran tramo, otras solo unos metros, pero siguen siendo igual de profundas.
Otras son leves, casi no se aprecian, ya han sido borradas por el paso del tiempo y la erosión, o están a punto de desaparecer.
Hileras de pisadas que se suceden unas a otras sin simultanearse, entremezcladas con espacios en blanco, tramos de tiempo vacíos. Giro mi cabeza hacia adelante, sigo caminando entre las olas, unos metros por delante bajo la mirada y leo un nombre escrito en la orilla.
Levanto la vista al frente y por delante la arena está recién lavada por las olas, sin una marca, sin una huella, sin una pisada, preparada para ser horadada por nuevos andares.

07 junio 2009

Una cálida noche malagueña


La noche de esa fría tarde suiza acaba saliendo, no es habitual que salga un viernes, y aún menos que lo haga por Málaga, pero está invitado al cumpleaños de un amigo y le apetece salir de la rutina. Se viste con un polo gastado, vaqueros y sus deportivas más nuevas, llega a Reinas cuando el local está aún medio vacío, se encuentra con Alejandro, el chico del cumpleaños y lo felicita, 22 añitos, ¡que yogurín!, pero un tío muy atractivo con la cabeza muy bien amueblada. Se alegra de haberle presentado a Diego, tienen una incipiente relación recién estrenada, y parece que encajan bien, piensa que quizás tenga más facilidad para buscar pareja a los demás que para si mismo.
Se pide una cerveza y mientras charla animadamente ve pasar una figura conocida, es el chico de la playa, ¡qué raro!, lo ubicaba en Marbella en lugar de Málaga, viste una camisa y tejanos negros, y zapatos (ese detalle le despista, últimamente no se suelen ver zapatos en locales de copas) y regresa la inquietud de esa tarde, pues el chico se sitúa justo enfrente de él.
Durante la conversación lo pierde de vista, pero unos minutos más tarde el chico regresa con una copa, ahora no lleva la camisa, sino una camiseta lisa blanca, cuello uve, muy ceñida, que le marca la bonita figura que tiene. Nuestro protagonista no puede evitar seguir mirándolo, decide que esa noche no va a perder la ocasión de acercarse, y mientras ese pensamiento le cruza la cabeza ve que el chico le mira y le sonríe, con una sonrisa amplia y franca, como diciendo : "tú eres el chico de la playa de hoy, te he reconocido".
Acaba la conversación en la que se encontraba, espera unos minutos y se dirige al chico sin pensar, sin preparar una frase, es lo mejor, como lo piense acabará cagándola, no está muy ducho en eso de entrar a la gente:
- Hola, ¿te has quemado la espalda? Qué difícil es poner protección en la espalda, podías haberme pedido ayuda.
- No, he tenido cuidado y no me he quemado, pero ¿cómo te iba a pedir ayuda si no te conozco?
- Es cierto, me llamo Julián, ¿y tú?
- Yo me llamo Juan-y alarga la mano para estrechársela en lugar de los convencionales besos.
Unos minutos más tarde ya sabe que el chico nació en Madrid, lleva siete años viviendo en Suiza y está de puente en Málaga, donde reside su familia. Julián pensaba acercarse un momento a conocerlo, y regresar junto a sus amigos, pero ve a Juan predispuesto a la conversación y prefiere no interrumpirla, sus amigos entenderán las circunstancias, pues ya les había contado que había visto a ese chico en la playa y se había quedado colgado de él, aunque éste no le mostró interés.
Después de un buen rato de animada conversación le propone acercarse al grupo de sus amigos, Juan acepta y le presenta a los más allegados, a los que saluda estrechando la mano, algo que les desconcierta por lo poco habitual del saludo entre chicos gays en un local de ambiente. Pide una cocacola para Juan y su segunda cerveza, bailan un poco al ritmo de la música y siguen la conversación. Una hora después, a Julián le gustaría irse con Juan a casa, al preguntarle si quiere ir a otro sitio el otro contesta que lo que quiere es estar con Julián, así, a gusto. A Julián le desconcierta esta contestación pues no está acostumbrado a esa naturalidad, lleva tiempo jugando al juego de la seducción y entre los códigos no está el mostrar interés abiertamente, y aún menos que ese interés no esté centrado en la práctica sexual exclusivamente. Se da cuenta de que tiene que bajar el ritmo, que este chico no quiere prisas, y que quizás ni siquiera sea sexo lo que busca, así que cambia su propio esquema y se relaja, disfrutando de la conversación, intentado resolver todas las incógnitas que Juan ha creado en su cabeza a lo largo de los años de encontrárselo en la playa.
Cuando en el local no cabe ni un alfiler propone seguir la marcha en Torremolinos, salen a la calle, caminan mientras Juan le cuenta cómo es la ciudad que le adoptó, Zurich, y cómo es su vida allí, Julián se siente muy cómodo a su lado, parece que se conocieran de antes por la naturalidad con que la conversación fluye, no hay que hacer esfuerzos para continuarla. Se sorprende a si mismo pues nota que no necesita intentar gustar, no necesita contar lo mejor de si mismo, ni maquillar ni adornar nada, se siente seguro de quién es, y de su propia vida, y eso hace que se abra más y muestre su interior sin tapujos, sin miedo. Llegan al coche de Julián, a Juan le parece muy grande, a Julián no le gustan los coches pequeños, acerca al otro a su coche y conducen en fila india hasta llegar a Torremolinos. Después de aparcar entran en un local, pero está vacío, de camino al otro Juan coge de la mano a Julián y ambos se sienten raros, es el primer contacto que tienen, más allá de algún roce en la cintura mientras hablaban en el bar, pero se sienten a gusto. Piden una copa y siguen charlando junto a la barra, en un silencio ambos se miran, y entienden que ha llegado la hora de darse el primer beso, con lo que se aseguran de que hay un interés más allá del amistoso. Se besan por un rato, Juan huele a un perfume dulce, intenso, y en las caricias Julián percibe la firmeza de su cuerpo, un abdomen liso, unos pectorales trabajados y una piel suave, muy suave, los sentidos están alerta captando toda la información posible.
Los dejamos así, besándose, y nos retiraremos en silencio, sin hacer ruido, para no estropear ese momento de intimidad que surge en el primer beso de toda historia. Dejemos que fluyan las sensaciones y que la naturaleza ejerza su influencia en los instintos y en la química de las personas.

25 mayo 2009

Una fría tarde suiza


Él llega a la playa, camina por ella con su amigo buscando una parcelita donde extender sus toallas dispuestos a pasar un día extra de sol, un día con el que no contaba. Encuentra un espacio junto a un chico cuya cara le resulta familiar, donde finalmente acampan. Si va a estar unas cuantas horas en la playa siempre es mejor tener unas buenas vistas.
Tras la aplicación de la protección solar intenta relajarse, pero se da cuenta de que no lo consigue, sus ojos no pueden evitar posarse en su vecino de parcela, recuerda que lo ha visto antes, mucho antes, en esa misma playa, y siempre con la misma mirada de observador desconfiado, en actitud altiva.
El chico observado saca una manzana de su mochila y se la come a bocados, desde su posición puede oírlos, ¡crac!, suenan a fruta fresca y dientes fuertes. Se vuelve boacabajo, esforzándose en relajarse, una deliciosa sensación de morriña le envuelve y se va durmiendo en un sueño poco profundo, que le permite de vez en cuando abrir los ojos para constatar que el objeto de sus miradas sigue a su lado.
Entre sueños nota que su vecino se aplica protección solar en los hombros y en la parte de la espalda a la que consigue llegar, dejando un pegote de crema en el centro, piensa que le gustaría tener la decisión para levantarse y ofrecerse a aplicarle la crema en la espalda. Incluso se imagina la frase: "el domingo pasado me quemé la espalda por no tener quién me aplicara la crema, no me gustaría que te pasara a ti, ¿te ayudo?"
Finalmente, no se lanza, el otro termina de aplicarse su crema como puede y la deja, y él vuelve a su ensoñación y a robarle imágenes furtivas al compañero de sol.
Un rato más tarde, el otro se levanta y se mete en el mar, él no puede evitar espabilarse para disfrutar de todo su esplendor, y lo ve de pie, de espaldas entrando al agua. Piensa que tiene que ser muy valiente para meterse en un agua tan fría. A la vuelta, sigue disfrutando descaradamente de la silueta del chico, ahora con el bañador húmedo y la tela pegada a sus contornos, insinuando los volúmenes de deseo.
Al tumbarse, el chico extiende los brazos y los sacude repetidamente, y él se pregunta qué función tendrá ese gesto, pues no parece que se haya manchado de arena, y tampoco que quiera sacudirse las gotas de agua salada. Es algo que vuelve a repetir a lo largo de la tarde.
Después, el chico retoma el libro que tenía aparcado en la toalla, y lo lee tumbado bocaabajo con el bolígrafo en la mano, o en los labios según el momento, pero se fija en que tiene otro boli clavado en la arena, con la punta hacia arriba, algo que le desconcierta. Desde esa perspectiva no puede evitar como una tibia erección se apodera de él al ver cómo el bañador de su vecino queda justo por debajo de la cintura, mostrando el comienzo de su trasero, un culo redondo y apetecible, envuelto en un bañador celeste, tipo brasileño. Se imagina a si mismo acariciándolo, y esa evocación no le ayuda mucho con el problema de la erección, por lo que decide darse la vuelta poniéndose bocabajo.
En un momento se levanta, va hacia la orilla y toca el agua con los pies, está demasiado fría, sería incapaz de zambullirse, pero se da la vuelta y vuelve a mirar descaradamente a su vecino, éste, por una vez, le mantiene la mirada, una mirada intensa, quizás por no llevar las gafas que ha dejado en la toalla y que le impide ver con nitidez, pero esta vez no rehuye al contacto visual. Mantienen la mirada por unos segundos, él piensa que podría sonreírle para intentar romper el hielo y reunir valor para acercarse, pero finalmente desiste, no se ve invitado a hacerlo.
Más tarde, su compañero de sol empieza a recoger sus cosas, saca de su bolsa un llavero de Avis con las llaves del coche, lo que le hace pensar que es de alquiler, guarda su ropa interior en la mochila, con lo que sabe que no va a tener la suerte de verlo cambiar su bañador por la ropa interior. Se ajusta unas bermudas azul marino, clásicas, que le realzan el trasero que no ha podido dejar de mirar en toda la tarde, recoge su toalla y sus cosas y se va. Él se queda con la esperanza de que de tanto mirarlo, al menos le haga un gesto de despedida, pero tampoco, eso no ocurre, y se recrimina a si mismo ser tan tímido como para no acercarse e intentar conocer a ese chico misterioso que de cuando en cuando, a lo largo de los últimos años, ha aparecido en la playa y que no habla con nadie, ni nadie lo conoce.
Quizás otro día sea capaz de reunir el valor para presentarse, pero hoy no ha podido ser. ¿O quizás si? Quién sabe lo que deparan las casualidades.

17 mayo 2009

QUEDA INAUGURADA LA TEMPORADA CABOPINO 2009


Hoy es el 45 aniversario de bodas de mis padres, fruto de la cual nacimos 4 hijos. Siguen juntos pese a las dificultades de la vida.
Cuando tuve mi primera relación sólida, pensé que aquél sería el hombre de mi vida, pero 7 años después aquello se acabó, y supe que nunca tendría lo que se llama "el hombre de mi vida". Descubrí que las relaciones son ciclos temporales en los que dos personas se encuentran y comienzan a girar en la misma órbita, pero que en algún momento alguno cambia de órbita y el otro se queda solo en el universo, girando sobre si mismo para mantenerse en equilibrio.
Hoy, también, hace 6 años que inicié mi última relación, nos encontramos en esta playa en la que estoy tumbado tomando el sol y escribiendo, y empezamos una charla que nos llevó a unir nuestros labios en un beso que duró 4 años. La noche anterior salí con el nerviosismo provocado por la esperanza de encontrármelo, y finalmente fue así. Lo malo (en ese momento) fue que ya estaba ocupado, pero yo, pacientemente, pedí mi turno, que me llegó al día siguiente. Empezamos tímidamente, sin querer poner nombres y etiquetas a lo que vivíamos, pero pronto se convirtió en una relación de amor. Creí ver una señal en que iniciáramos una relación en la fecha del aniversario de mis padres, al igual que creí ver otra cuando supe que sus padres se casaron el día de mi nacimiento. Números, las matemáticas nunca fueron mi fuerte, pero esta memoria traicionera me asalta de repente jugándome malas pasadas.
Hace 2 años que se acabó y, a veces, me pregunto cómo sería mi vida si hoy estuviéramos cumpliendo 6 años de relación. La respuesta es bastante sencilla: seguiríamos viviendo una historia descafeínada, malograda por el paso del tiempo y la rutina.
Y yo, en particular, no hubiera sufrido las varias evoluciones que me han cambiado en estos 24 meses. Seguiría secuestrado por esa involución en la que me refugié en los últimos meses en pareja, sintiéndome distanciado de la sociedad, con la percepción de que no había en ella nada que me interesase.
En cambio, en lugar de ello, me abrí al mundo, me preocupé de crear un tejido social, exploré en mi sexualidad, viví un montón de emociones nuevas, y me sentí más seguro de mi mismo. Y lo que es más importante, reforcé mi carácter, y valientemente me enfrenté a la soledad. Le eché un pulso que terminó en tablas: no la vencí, pero ella a mi tampoco.
No estoy pasando por mi mejor momento personal, los ha habido mejores, pero no estoy mal, estoy contento con la vida que me he ido construyendo, y sé que aún, solo he puesto los cimientos, vendrán muchas más cosas a decorar este nuevo edificio.
Playa de Cabopino, oyendo a Amaral.

ESCAPADA A BARCELONA


Nada más llegar, camino a casa a dejar la maleta, me envuelve el olor del salitre, es sábado muy temprano y la carretera está desierta. Pasamos por la vía subterránea junto a la costa, y por arriba voy viendo pedazos de esculturas que decoran la ciudad, llenas de colorido, fiel reflejo del gusto artístico de esta tierra.
Los primeros pasos los hago por el Paseo de Gracia, incursión entre el turisteo y escaparates de firmas, no puedo evitar pararme ante ellos y acariciar con mis ojos objetos de deseo que no voy a adquirir. Nos adentramos en el Raval, sus calles están llenas de imágenes algo decadentes, pero el colorido en las ropas y en las pieles rezuma pluralidad en equilibrio.
Almuerzo en un restaurante moderno, menú de mediodía a 17.50 Euros, una rica ensalada y carne que de poco hecha parece un carpaccio (nos lo habían avisado) pero sabrosa. Seguimos el paseo y nos adentramos por la Ciutat Vella, la máquina del tiempo nos pare en el mismo centro del medioevo, callejuelas estrechas, paredes cargadas de historias y sociedades, cada rincón es una fotografía, entre todo, muchos turistas para recordarnos que estamos en el siglo XXI.
Entre tanto paseo, Joan comparte conmigo un montón de vivencias, y yo le relato muchas historias que parecen inconexas, pero pieza a pieza conforman el puzzle del Adriano en el que hoy me he convertido.
Café en un bar en cuyo interior hay un teatro, y el camarero confunde a Joan por un guiri, con lo que a él le molesta... Regresamos a casa con la intención de salir, pero tras mi siesta en el sofá, cenamos, y la conversación se va alargando hasta que nos damos cuenta de que es absurdo salir, mejor estar descansado para el domingo.
El domingo vamos a Sant Pol de Mar, un pueblecito costero al que vamos en moto y disfrutamos de un domingo soleado y cálido. El pueblo es de postal, paseamos por sus calles, atravesamos las vías del tren que en esa costa discurre junto a la playa, tiene un toque novecentista que me encanta. Almorzamos en un restaurante en primera línea de playa, una casa antigua restaurada, muy bien restaurada, y cuando subo al baño disfruto de suelos de mosaicos y una escalera que es idéntica a la que tiene mi abuela en su casa.
De vuelta a Barcelona nos paseamos por alrededor de la torre Acbar, rodeados de edificios nuevos, altos, de cristal, paisajes urbanos que son un placer para la vista, y obras de arte aquitectónicas.
Acabamos en el Plata, en el Eixample (gayxample) tomando un par de copas, hablando y riéndonos, un cierre muy divertido para un buen día.
El lunes visité la exposición de Caixa Forum, solo por el edificio merece la pena visitarlo, pero además había varias exposiciones muy interesantes. Después, horas pateando la ciudad y retratándola, dejándome llevar por la misma ciudad que iba guiándome los pasos, como si intuyera cuales eran mis objetivos turísticos. Gente alrededor de todo tipo, una mezcla de colores, tendencias y actitudes muy enriquecedora. Joan dice que la moda ahora mismo es lanzar al aire un puñado de prendas, y vestirte con aquello que te caiga encima, sin tener en cuenta la coordinación de colores o estampados, y yo le doy la razón.
A la tarde me encuentro con él para ver Los abrazos rotos, y disfruto de la película, pues es un homenaje a mi peli favorita de Almodóvar "Mujeres al borde...". Joan disfruta de la peli y de ver cómo disfruto de la peli, sabía que me iba a encantar, y se ríe a mi lado de mis risas provocadas por el lenguaje gestual de Mariola Fuentes y Blanca Portillo. Penélope está estupenda en la peli, por mucho que digan, es una buena actriz, hace tiempo que se ganó para mi ese título.
El martes por la mañana me entretengo entre las calles y me siento en El Central a tomar un café, es una cafetería librería que Joan me mostró como uno de sus sitios favoritos de Barcelona, y ya se ha convertido también en uno de los míos. Comemos juntos y me pasea por Mont Juic, vemos los paisajes en varios miradores y me lleva a otra librería cafetería a merendar, antes de tomar el vuelo de vuelta.
Ha sido una escapada fantástica, una ciudad acogedora para mi, pues tiene una luz muy parecida a la de Málaga, y el Mediterráneo a sus pies me hace sentirme en casa. La compañía de Joan ha sido la esencia de mi bienestar allí, un cuidador nato que se anticipa a las necesidades o deseos, una buena persona que además escribe poesía aunque no use la métrica. Su blog, Contracciones de ciudad, está lleno de imágenes y evocaciones, que él logra transmitir magistralmente.
Espero volver pronto por allí, bona tarda Joan, un petó moll fort.




12 mayo 2009

HORÓSCOPO DEL DÍA


Esta mañana le echo un vistazo al periódico, directamente busco el horóscopo y ¡sorpresa!
CANCER: Tu pretendida libertad no es más que la negación de tus necesidades emocionales.
Y se me escapa en voz alta: ¡Cuéntame algo que no sepa!
A partir de ahí empiezo a pensar en mi vida y me hago la pregunta de rigor: ¿Qué busco? Me voy contestando poco a poco, y voy desgranando los recuerdos de los últimos dos años. No busco una relación porque es ponerme a imaginarme teniendo pareja y me pongo nervioso, me entran los sudores y me da el ataque de asma. Reconozco que hay días en los que me gustaría tener alguien con quien compartir momentos, planear vacaciones, de quien recibir atención, y con quien poder practicar sexo con la cotidianeidad del cuerpo conocido y la tranquilidad de no pensar en las ETS.
Después me pregunto si esa intranquilidad que me produce la idea de tener pareja tiene que ver con mi última ruptura, y me gustaría pensar que no es así, no quiero que esa relación influya en mi vida ni de forma negativa ni positiva, preferiría que ese recuerdo me resulte neutro, ni fú ni fa. Y lo que menos me gustaría es que inconscientemente esté cargando de culpas ajenas a personas futuras, pues yo siempre he considerado que tengo un fuerte sentido de la justicia, y eso no encajaría.
Pensando pensando, llego a la conclusión de que me he acomodado a conocer gente nueva continuamente, a conocer muchas vidas diferentes, historias nuevas que me aportan cantidad de información y de puntos de vista, con quienes intercambio respectivas filosofías de vida, y también sexo, claro. El sexo ocasional que produce el morbo de lo desconocido, y un empezar cada día sin un plan, dejándome llevar por lo que el destino me va poniendo por el camino.
Llegados a este punto, habiendo iniciado este análisis como consecuencia de mi horóscopo del día, me vuelvo a preguntar: ¿amor o sexo? Ya sé que el amor incluye sexo, pero también sé por experiencia que la sexualidad en pareja se va relajando y perdiendo intensidad, por algo dicen por ahí: "Follas menos que un casado". Ahí es donde entra en juego la sensación de caducidad del tiempo, porque yo quiero disfrutar plenamente de mi sexualidad, pero sé que voy teniendo una edad que probablemente me permitirá jugar al "aqui te pillo aqui te mato" unos cuantos años más (pocos, supongo), por lo que me veo empujado a aprovechar cada ocasión que se me otorgue, bastantes años he pasado en pareja a lo largo de mi vida (y siendo fiel).
Cotte seguramente verá un desequilibrio psicológico en lo que me da vueltas a la cabeza, Antonio dirá que tengo una patología psiquiátrica, Fernando dirá que me gusta que me den caña (como me dijo el viernes pasado), Joan me dirá que todo es questión de querer, Paco dirá que no era el momento oportuno (cuestión de timing)...
No sé lo que ocurrirá en el futuro, pero intento hacer hoy lo que me va surgiendo y apeteciendo en cada momento, y creo que es lo único que me permite ser auténtico de verdad.


25 abril 2009

Mi café con Edu Boxer


Salgo de la oficina con mis compañeros a tomar el café de rigor, si te quedas la media hora de descanso tienes que trabajar, si no, tienes que irte fuera, esa son las cosas absurdas de esta organización para la que trabajo. En lugar de escoger si reduzco mi jornada la media hora del desayuno porque lo hago en casa, me obligan a ir a una cafetería a sentarme durante media hora a escuchar historias que a veces me saturan y aburren.
Al llegar a la cafetería la mesa habitual está ocupada, nos sentamos, mi sitio queda a espaldas del local, lo que me impide ver al público de rutina: ese ancianito que siempre aparece con la bufanda a pesar de que ya va haciendo calor, esa señora que se sienta sola con el periódico y un cuaderno y no para de hablar y reírse sola, los empleados de la empresa de ascensores entre los que hay uno que todas las mañanas me alegra la vista. Hoy me lo pierdo, y me pierdo también las vistas al ventanal por el que veo pasar a la gente, diariamente desfilan las mismas personas, aunque hace tiempo que no veo al chico moderno con el que cada día nos cruzábamos la mirada, y al que esperaba todos los días ver pasar imaginándome que un día se sentaba a la mesa conmigo.
Al levantarme para pagar me doy la vuelta y veo en la mesa que tenía justo detrás de mi una cara que me llama la atención; en un segundo mi memoria hace una escaneo rápido para intentar localizar esa cara de entre el archivo enorme que tengo (tengo muy buena memoria visual), porque sé que, aunque conocida, no corresponde al entorno en el que me encuentro. Moreno, con unos ojos azul oscuro que se posan en mi, y en ese mismo instante caigo en la cuenta de que es Edu Boxer, al mirarme me da la impresión de que nota que le he reconocido, aún así, no se ve afectado por mi mirada que dura un segundo de más, y me voy a pagar.

Voy al cuarto de baño, y un minuto después noto que él me ha seguido y se me acerca por detrás diciéndome al oído: "tú ya me conoces, ahora me toca a mi conocerte..." y me empieza a tocar sobre la ropa. Yo me dejo hacer, y empieza a abrirme los botones del vaquero, dejándolos caer, luego hace lo mismo con los suyos, y yo, mientras, estoy paralizado por la sorpresa.


Regreso a la oficina disfrutando de las casualidades de la vida, ¿cuántas veces me puede pasar que en la mesa de al lado, en la cafetería junto a la oficina a la que voy todos los días, me encuentre con uno de mis actores porno favoritos?, y eso teniendo en cuenta que trabajo en una pequeña ciudad, y estoy siempre metido en una oficina en la que nunca pasa nada; hay pequeñas cosas en la vida que hacen que ésta merezca la pena, y hoy, martes 21 de abril, precisamente en el día de su cumpleaños, comparto café con Edu Boxer, el actor de Bookleroos, de Muscle Up, Parashooter y otras tantas tan buenas. (Ay pillines, vosotros también las conoceis todas, ¿eh?). Hoy es un día especial.


18 abril 2009

MI NIÑA DITA


Llevaba uno meses viviendo con Rafa a mis 21 años, recién emancipado me encapriché de tener perro, ya tenía la idea completa: sería una hembra de cocker spaniel, negra, y se llamaría Dita. A través de anuncios del periódico contactamos con unos vendedores en un pueblo de los alrededores, fuimos a comprarla Rafa (había decidido regalármela), Raúl y yo. Cuando vi la camada no tuve ninguna duda, me miró a los ojos con una mirada mezcla de curiosidad, bondad, alegría y la escogí de entre todos los cachorritos.
De camino a casa ella bautizó a Raúl, que la llevaba en brazos, ya que habíamos decidido que él fuera su padrino, haciéndose su primer pipí. Los primeros tiempos la alimentaba con papilla de 5 cereales de Nestle, como no podía bañarla ni sacarla a la calle hasta terminar con las vacunas, siempre la envolvía un aroma dulce de cachorro y papillas. Terminada la fase vacunación le dimos el primer baño, aún lo tengo grabado en vídeo, no le gustaba mucho el agua, y lloraba como si la estuvieran apaleando, pero como soy un sargento en cuanto a la educación se refiere, no tuvo más remedio que claudicar. Me enamoré de ella, no podía pasar mas de un puñado de horas sin verla, en algunos descansos del trabajo corría a casa para cerciorarme de que estaba bien, abría la puerta y ella venía a saludarme moviendo su culillo y yo respiraba tranquilo. Salía de marcha y no paraba de mirar el reloj, con ansiedad de regresar para estar con ella.
Desde su primer paseo me premió con un pipi en la calle, pues siempre había sido muy despierta, y en unos días ya estaba educada a hacer sus necesidades en la calle, hicera frío o calor, lluvia o viento, ella y yo salíamos de paseo, aunque solo fuera una salida higiénica. Sabía que mientras no la sacara a paseo se aguantaría, y no me relajaba hasta que la hubiera paseado.
Se casó felizmente con Byron, que era el cocker spaniel de Rafa, un perro elegante lleno de rizos, con aire aristocrático, pero ella nunca estuvo realmente enamorada. En realidad se enamoró del perro más feo de la ubanización, la podías ver subida a la terraza mirando hacia el jardín comunitario donde pulgui (el perro feo y comunitario) se sentaba a adorarla. En un descuido se fugó y le fue infiel a su marido, pero éste nunca se lo tuvo en cuenta. Después la cubrió como imponiendo sus derechos maritales, de cuyo fruto nacieron 5 cachorritos tan preciosos como ella. Aún tengo cerca dos de sus hijos.
Vivió mi primera separación, mi segunda soltería, luego mi segundo matrimonio, con Jorge se llevaba estupendamente, pues él es un enamorado de los animales, jugaba mucho con ella y la entrenaba en saltos y otros menesteres.
Vivió mi segunda separación y mi tercera soltería, los cambios de casa, mis épocas de hibernación y las de salidas continuas. Por muy buen plan que me surgiera, yo siempre volvía a casa, porque sabía que ella estaba allí, aguantándose y esperándome a que la sacara de paseo.
En mis vacaciones se iba con la abuela, no había cosa que le gustara más, pues ella la malcriaba dándole comida fuera de horas, y tapitas de york que a ella tanto le gustaba. Aún así, cuando la recogía no tenía ningún reparo en volverse conmigo, sabía que con la abuela eran vacaciones temporales, pero que su hogar estaba a mi lado.
Vivió mi tercera separación, recuerdo que la primera vez que Fernando entró en casa y la vio se puso a acariciarla, diciéndole "pero que linda que sos", y claro, ella sucumbió a esas palabras, le pasó como a su amo, no pudimos remediar enamorarnos como tontos. Esos años él se encargaba la mayoría de las veces del baño, de secarla y peinarla. ¡Quien no iba a adorar al chulazo que te dedica tiempo, te dice cosas lindas y te pone guapo!
Dicen que los perros se acaban pareciendo a sus amos, pero yo creo que es al revés, que sus amos toman cosas de sus perros, y casi podía ver reflejada en mi mirada la mirada de ella.
En cada mala época que pasaba estaba ella allí para estar a mi lado, y con solo cogerla en brazos y estrecharla me invadía una sensación de bienestar, de consuelo. En invierno me encantaba tumbarme en el sofá, subirla encima de mi y echarnos la siesta disfrutando del calorcillo que ella desprendía, sobre todo cuando me ponía bocaabajo y ella sobre mi espalda.
El fin de semana pasado la noté rara, estaba hinchada, y después de hacerle una ecografía me dijeron que no podían hacer nada por ella, a sus 15 años ya no podían intervenirla, que decidiera yo el momento de aplicarle la eutanasia. Siempre he apoyado la eutanasia, creo que hay que vivir con dignidad, y morir de igual forma. He necesitado unos días, y he presenciado un deterioro rápido, que me iba rompiendo por dentro, todo el día atento para saber si hacía sus necesidades, si comía o bebía, si caminaba o no, si se tambaleaba y perdía el equilibrio.
Lo difícil es escoger el momento, pues si todavía le quedan ganas de vivir no arrebatárselas, ni esperar a cuando ya esté sufriendo. Esta noche no ha dormido apenas, se la notaba incómoda sentada, tumbada, iba de acá para allá sin acabar de descansar, y esta mañana supe que era el momento adecuado. Ya no se tenía en pie, se caía, su mirada reflejaba la tristeza de una vida sin sentido, un cansancio de sufrimiento, y llamé a la veterinaria. Si esperaba al lunes iba a prolongar un fin de semana de sufrimientos, y tenía que hacerlo por ella, se lo debía a ella.
Salimos al último paseo, movía su cola con la antigua alegría, pero apenas podía caminar y se le doblaban las patitas. Aparqué junto a la clínica, y ya no quiso andar más, la tomé en brazos y entré, la veterinaria me saludó pero ya no pude hablar. Primero le puso el sedante, y me dejó a solas con ella, se fue durmiendo en mis brazos, mientras yo le cubría la cara de besos, ella tenía que sentir que no estaba sola, que su papá le acompañaba hasta el último instante, y así se fue durmiendo. Luego le pusieron la otra inyección, un líquido de color rojo que fue entrando poco a poco y que yo no podía evitar mirar, mientras le sujetaba la cabeza y la miraba a los ojos como antaño. Se durmió en un sueño enterno, dulce, reparador.
Por más que intentaba prepararme,no hay forma, pero al menos he tenido una semana para despedirme de ella. Duele, duele mucho, esta casa hoy está vacía, en cada rincón hay un recuerdo de ella, húmedo de mis lágrimas.

11 abril 2009

DIFERENCIACIÓN



Jueves Santo, quedo con Mayte para salir por Torremolinos. Primera parada en Men´s para saludar a un amigo en común y estando allí siento como cruzo el umbral del tiempo y me instalo en un bar de ambiente de los años 80: pelis porno, una media de edad de 60 años, y cuarto oscuro donde se entretienen aquellos a los que por desgracia les tocó vivir una homosexualidad escondida, compuesta de sexo furtivo y ocasional.
Nos vamos al Planet, un bar de chicas donde los tios tenemos que pagar 5 euros para entrar, consumición obligada, pero merecía la pena, a ver si Mayte conocía alguna chica estupenda. El bar lleno de chicas jóvenes, muchas guapas, y nos tomamos unas copas riéndonos mientras suena una especie de regueton, lo que me sorprende es que conozco alguna canción (¿en qué vida he escuchado yo regueton?).
Nos vamos a Parthenon, quieren hacerle pagar a ella 10 euros por entrar, pero si esto siempre esta lleno de amigas de gays, ¿qué pasa esta noche? Cuando estábamos por irnos a otro sitio nos dejaron pasar, saludo a algunos conocidos, ignoro a otros, te encuentras personas con energía negativa a las que evitar. No está completamente lleno pero se está cómodo.
Volvemos al Mens y esperamos a que el colega de Mayte termine de currar, nos tomamos otra copa y Mayte tiene que bajar al baño. A la vuelta el encargado le pide que la próxima vez que vaya al baño se lo diga para que use otro aseo, el de empleados, que está más limpio (y tiene toallitas), porque una mujer junto al cuarto oscuro espanta a los clientes, y me los imagino como las palomas en la plaza cuando suena un ruido, todas echando a volar...
Volvemos a Parthenon y Mayte se empieza a sentir mal, tantas copas pasan factura, nos vamos a la calle y me siento frente a la puerta del bar a esperar a que se le pase el malestar. Parezco de nuevo un adolescente, y me doy cuenta de que la clave para ligar es convertirte en el último cartucho. Todo aquel que sale con intención de regresar a casa, me mira, sigue caminando y vuelve a mirarme. A esa hora, después de toda la noche descartando, no nos queda nada más a lo que agarrarnos que a la última cara que te encuentras, es decir, a mi. La próxima vez que salga de marchita me sentaré frente a la puerta a partir de las cinco y media, seguro que ligo más.
De vuelta al coche me encuentro a Mode que quiere regresar con nosotros, como no bebe alcohol conduce él, regresamos a casa sanos, salvos, y solos, pero muy divertidos.

04 abril 2009

UN AMOUR A TAIRE (UN AMOR POR OCULTAR)



Título original: Un amour a taire
Año: 2005
País: Francia
Director: Christian Faure

Acabo de ver esta película que me recomendó JC, aunque he necesitado meses para estar suficientemente preparado para afrontar la historia que se cuenta.
El Holocausto Nazi también se ensañó con la población homosexual, a nadie le es ajeno el triángulo invertido color rosa con el que etiquetaban a los gays. Éstos eran trasladados a campos de trabajo donde se les intentaban "reeducar", y a los que se negaban a ello se les trasladaban a campos de concentración en los que ensayaban "tratamientos" para convertirlos en personas "normales", dignas de esa super raza que se pretendía depurar.
La historia está bien ambientada en la época, el tratamiento que se le da es impecable, pues no intenta aprovechar la sensiblería, y tampoco se recrea en la violencia nazi, aunque haya escenas que son necesarias para trasladarnos la idea de lo que ocurrió.
Es bueno que nos recuerden de vez en cuando que ser diferente ha costado muchos sufrimientos a generaciones anteriores, y esa es la herencia que hemos recibidos aquellos que tenemos la suerte de vivir en un mundo libre. Sé que aún queda mucho por hacer para conseguir la igualdad en la mente de la sociedad, y también sé que aún ocurren cosas como las relatadas en la película en algunos lugares de este planeta, en esta misma época.
Nos gusta etiquetarlo todo pero esas etiquetas que usamos para categorizar el mundo han sido muy crueles hacia los objetos etiquetados: judío, homosexual, etc., llegará el día en que sólo haya una etiqueta: persona.

Una frase de la película del personaje gay dirigiéndose a su hermano al descubrir su homosexualidad: "¿Has escogido tú el azul de tus ojos?"


02 abril 2009

Y LLEGÓ LA PRIMAVERA


Llegó la primavera y en lugar de deshacer el hielo que me envolvía se produjo una nueva glaciación, mis sentimientos se adormecieron en un no sentir que me recordaba a los efectos secundarios del tratamiento para la rinitis alérgica. Por eso enmudecí, no pensaba, no tenía nada que compartir.
Hoy he visitado a mi compañera de trabajo que se ha convertido en mi amiga, está de baja por maternidad y, aunque ya había conocido a su bebé porque lo trajo a la oficina, no había tenido ocasión de charlar con ella a solas, y de ponernos al día de los acontecimientos de los últimos meses. Su hija, Alejandra, lleva casi cuatro meses en este mundo, un mundo difícil al que tendrá que enfrentarse, pero viéndola, parece imposible que le puedan pasar cosas malas.
Me invitó a almorzar en su casa, con su marido, era la primera vez que entraba en su intimidad, en palabras si que había entrado antes, pero en la realidad de su casa aún no. Me recibió con la niña en los brazos, yo llegaba con su marido, el cual se apresuró a terminar la comida, y nos sentamos a comer. Presencié una estampa familiar que, aunque no es nueva para mi porque tengo sobrinos y otros amigos con hijos, me hizo sentir parte de esa familia.
Después de comer, él se fue al trabajo y nos quedamos ella y yo solos, con la niña, y me contó toda la experiencia de lo que fue el parto, los primeros días, y cómo su mundo está envuelto de perfume de bebé. Ella está feliz, exhultante, sigue siendo la misma, pero transmite un sentimiento amoroso que contagia.
Yo compartí con ella los capítulos de mi vida que se había perdido en todos estos meses, un pequeño resumen de muchas sensaciones, una especie de balance de mi mismo.
Cuando me despedí de ella horas más tarde, conduciendo mi coche, sentí la emoción de saber que formo parte de su vida, tan distinta a la mía, y tan auténticas ambas. Siento que ese adormecimiento en el que me encontraba ha desaparecido de golpe.
Me gustaría decirle a él que uno no escoge de quién se enamora. Estos días he pensado que quizás tenga un bloqueo emocional que me impide dejarme llevar cuando conozco a alguien que merece la pena. Ya me ha pasado antes y no creo que sea casualidad, por mucho que uno intente que las experiencias pasadas no te marquen, hay veces que dejan una huella imborrable que condicionan tu modo de actuar. Si fuera tan fácil que las cosas salieran como uno quiere quizás no sería tan intensa la sensación de enamoramiento. Pero no es así, uno no escoge de quién se enamora, solo puede intentarlo con la esperanza de que si no sale como debería, al menos queden aquellos momentos de intimidad como el recuerdo bonito de lo que podría haber sido.

19 marzo 2009

EN AMERICA, de Susan Sontag



[El otro día me enteré de algo muy interesante, Bogdan. Según Henryk, hasta hace poco la nostalgia se consideraba una enfermedad grave, a veces fatal. Se consideraba que el otoño era la estación más peligrosa, y la profesión militar vulnerable de una manera especial. Prácticamente cualquier cosa, una carta de amor, un cuadro, una canción, una cucharada de las sabrosas gachas que uno tomaba en la infancia, unas pocas sílabas de la región natal oídas en la calle, podía provocar el inicio de la enfermedad. Los historiales que él ha leído han sido publicados en revistas médicas francesas, pero parece improbable que sólo los franceses puedieran morirse por su apego al pasado. Convinimos en que los polacos deben de haber sido incluso más susceptibles a esa enfermedad, de la misma manera que los americanos han destacado por su capacidad de liberarse del pasado.]

10 marzo 2009

LA NOCHE DEL ORÁCULO


Acabo de leer La noche del oráculo, últimamente me ha dado por leer a Paul Auster, y por suerte en mi biblioteca hay un montón de títulos que aún me quedan por descubrir. Su prosa es limpia, cuidada, se entiende muy fácilmente, sin oscuridades ni opacidades, pero no resulta simplona, sino más bien lo contrario. Este libro está escrito en una actualidad reciente, pero ambientado en los años 80, cuando aún no habían móviles, ni faxes. Trata de un escritor que ha sufrido un accidente que lo ha llevado a las puertas de la muerte, del que se va recuperando lentamente, y que le ha impedido escribir en una larga temporada. De casualidad encuentra el Palacio del Papel, donde compra un cuaderno de tapas azules procedente de una fábrica de Portugal ya clausurada en el que empieza a escribir una historia que se entremezcla con la suya real. Es una historia que contiene en su interior otra, como las muñecas rusas, y el cuaderno parece tomar las riendas de su vida, llegando a un callejón sin salida tanto en la historia que escribe como en la suya propia.
La semana pasada me costó mucho escribir, mi cuaderno de tapas rojas parecía no querer que violara la pureza de sus páginas, y mi vida parecía también haber llegado a una encrucijada. En días atrás he vuelto a escribir, poco, pero algo es algo, quizás es el símbolo de que estoy dejando atrás esa asechanza.