03 abril 2010

Cuanto antes mejor

De: baltasar@hotmail.com
Enviado: sábado, 3 de abril de 2010, 16:51:45
Para: santaclaus@hotmail.com

Este es un mail de despedida, aunque no me gustaría que sonara a dramático porque ni la situación lo es ni lo que se termina puede calificarse de profundo. Es solo una forma de despedirme sin hacer mucho ruido, pero sin querer que entiendas el adiós a través del tiempo y la falta de contacto.
Al mismo tiempo es una reflexión, ante todo para mi, porque yo siempre estoy intentando aprender cosas nuevas, sean culturales, o vitales, pero mi afán de aprender no se termina nunca. En mi reflexión empiezo culpándote a ti, lo normal en cualquier persona, echar la culpa al que tiene enfrente, porque es más fácil así, porque aceptar los propios errores es más difícil que los ajenos. Pero ahondando en todo esto, me sale un resultado diferente. Si bien creo que tienes tu parte de culpa, admito la propia, que no es poca. Aunque desde la primera conversación que tuvimos te dejé claro que mi interés en la actualidad no se centra en sexo ocasional sino en la construcción de una relación de pareja, pareció que tú no te dabas por aludido. He hablado con los que me rodean sobre informar a una persona nueva en tu vida de lo que quieres, todos coinciden en que es muy pronto para fijar objetivos, que a alguien que apenas entra en tu vida no se le puede decir algo así. Pero yo he llegado a la conclusión de que si alguien se asusta porque yo tenga las ideas claras, y sepa lo que quiero, CUANTO ANTES MEJOR, para qué perder el tiempo intentando disimular lo que uno realmente quiere. ¿De qué sirve ir despacio para no llegar a ninguna meta?
Sí, me dicen que siendo así puede que tenga una conducta de evitación, quién sabe si es cierto o no, pero al menos no me cuelgo de gente que al tiempo, después de conocerlo, te das cuenta de que no ha valido la pena tanto esfuerzo. Hay tanta gente en el mundo que es una pérdida de tiempo invertir mucho en la persona equivocada.
Otra conclusión a la que he llegado es que ya no se trata de que yo guste a alguien, siguiendo un protocolo social para gustar más (no llamar hasta el tercer día, no mostrar mucho interés...), sino de que alguien me guste a mi. Desde el momento en que alguien me busca, me regala el oído, me pide una cita, y me la cancela horas antes del momento de vernos, puedo empezar a pensar que esa persona, o tiene una explicación (no me gustan las excusas) muy seria, o es tan infantil que cree que puede jugar al escondite. Mi lema es dar dos oportunidades, la tercera es un bono que nunca he entregado. Que soy impaciente, pues yo pienso que soy lógico, que tengo sentido común.
Por aquí van los tiros, más o menos. Resulta que me he dado cuenta de que me has tomado por un mamarracho más de esos que pueblan las noches y los mundos hechos de ceros y unos, y no sé si me ha molestado más que me hayas tomado por alguien así, que yo no haya sabido transmitirte que no lo soy, o ambas cosas a la vez. Aunque lo realmente importante es mi decisión de suprimir esta conducta.
En el momento en que soy consciente de que estoy jugando a encontrarme contigo en el mundo virtual tomo la decisión de cortar los hilos que nos vinculan. Es como dejar de fumar, evito el riesgo de volver a caer, cambiando rutinas. Y borro tu número de teléfono de mi agenda. Me da igual si te suena a despechado, no quiero encontrarme contigo cada vez que conecto mi ordenador, y en realidad no me importa lo que pienses de mi en ese aspecto. Eso sí, si me encuentro contigo te saludaré, porque lo cortés no quita lo valiente, y ante todo soy educado. Soy muy educado, porque no te reprocho que cuando has venido a casa hayas querido quedarte a dormir y luego me digas que has disfrutado mucho teniéndome como almohada; que me digas que piensas en mi pero no actúes como si pensaras en mi; o esa estupidez de que ya tienes nuestra canción. No te lo reprocho porque sé que a veces jugar a ese juego palia el dolor de las heridas de guerra que traes, heridas que tú mismo evitas cerrar, volviendo a rascar en la herida cada vez que comienza a cerrarse. Aunque no sea justo para quien se cruza contigo.
Pensé que eras un seductor, pero después de conocerte un poco me he dado cuenta de que te faltan unos centímetros para serlo, unos años de madurez (mental, no real), un buen fondo de armario, y un par de huevos. Que lo tuyo aburre a la tercera, por repetido, por estereotipado y por falta de clase, sobre todo después de verte anoche con cualquier mamarracho de tercera de esos a los que yo en un bar no miraría ni por aburrimiento.
Espero que todo te vaya tan bien como me va a mi.

30 marzo 2010

En la Nada oscura y fría

Aparece de la nada, proviene de esa maraña de información entremezclada en conexiones invisibles que une cualquier casa con otra en cualquier parte del mundo, una nebulosa oscura de parecida textura a la Nada de La Historia Interminable. Esa Nada que contamina todo convirtiéndolo en otro algo parecido pero diferente, desmineralizando la naturaleza primigenia de los objetos y convirtiéndola en otro similar contagiado de la posibilidad de pertenecer a una red pública accesible para expertos muy expertos.
Es simple, solo una frase: "Gracias por aceptar mi invitación". El virus ya ha sido infiltrado, permanece de forma latente sin mostrar síntoma alguno, tardará alrededor de tres meses en comenzar a desarrollar la enfermedad.
El catalizador fue un status, muy simple, en forma de telegrama, le hizo gracia y le comentó por primera vez. Se encontró con una respuesta que no había previsto, una declaración de intenciones que dejaba claro que la invitación tenía un trasfondo más profundo.
A partir de ese momento aparecieron los síntomas, tenues al principio, reforzándose a medida que pasaban los días.
Una tarde se lo encontró entre el maremágnum de conversaciones que pueblan la Nada oscura y fría que se esconde tras la pantalla. Los síntomas dieron paso a la enfermedad que se agravaba a medida que su perfume se gravaba en las terminaciones nerviosas de su olfato, que su sabor se metía en su memoria, y que su tacto se adhería a su piel como una funda perfecta.
Entendió que a partir de ese momento lo pasaría mal, muy mal, pero no podía doblegarse al destino.

20 marzo 2010

Charla en la elíptica


Gimnasio, sábado a las 12:00 del mediodía.
-Hay que tener ganas de meterse en la elíptica una hora entera un sábado por la mañana.
-Pues sí, pero habrá que hacer algo para bajar el michelín, que el verano está a la vuelta de la esquina. Sé que aún me da tiempo a estar en forma para el verano, en las fotos de los años anteriores estaba estupendo, pero en esta época siempre me da el pánico de que llegue el verano y no verme bien.
-Sí, claro, siempre parece que se te ha echado el tiempo encima.
-A veces me pregunto si tanto sacrificio merece la pena, porque nos tiramos meses currándonoslo en el gimnasio, haciendo dieta, para pasar unos días en la playa y lucir palmito. Luego me recuerdo que lo hago para verme bien todo el año, no es sólo cuestión del verano.
-Es cierto, pero creo que los gays sois muy exigentes, en la playa vais con el último modelo de bañador y el cuerpo diez, y queréis que todos a vuestro alrededor estén igual de bien.
-Es verdad, en el mundo gay hay que estar muy bien para poder relacionarte con la elite y, sinceramente, nadie quiere pertenecer al club de los pringados. No te imaginas el dolor de espalda que provoca mantener la pose durante horas para que se te vea medianamente bien. De la toalla a la orilla no se te ocurra echar a correr no vaya a moverse esa parte de tu cuerpo sobre la que no quieres atraer la atención. Con el tiempo aprendes a caminar sobre brasas con cara protocoloria mientras saludas a unos y otros, sin querer mirar atrás para no ver cómo vas dejando capas de piel de las plantas de los pies. Cuando llega el momento del paseo acabas caminando con un ojo en la orilla para no clavarte ninguna piedra, y otro a la gente que te vas encontrando para fichar al chulo más buenorro de la playa, o para esquivar la vista de aquél a quien no quieres ni saludar. Es todo un arte no te creas.
-Lo dicho, es un mundo muy exigente y competitivo.

19 marzo 2010

09 marzo 2010

05 marzo 2010

El ciclo de la vida

Todo empieza aq

03 marzo 2010

Como el día: oscuro.


Anoche, desde mi balcón

02 marzo 2010

Naranja(s)



Producto de la tierra

28 febrero 2010

Ingravidez marina


Intranquilidad, así es como definiría su estado de ánimo, no sabía el porqué y no se entretendría en pensarlo, lo que mejor iba para situaciones así era calzarse las zapatillas e irse a correr por el Paseo Marítimo.
Además de quemar calorías, le vendría bien quemar la energía acumulada que bullía en su interior y que le impedía asentarse en esa tranquilidad en la que últimamente se mecía. Tomó el Paseo Marítimo adelante y comenzó a caminar rápido como forma de calentamiento, a lo que le siguió un alegre trote durante unos minutos, para comenzar a correr en una carrera que duraría más de media hora.
Inspiraba, exhalaba el aire, sabía que mantener el ritmo de la respiración es lo que le salvaba del cansancio prematuro y del temido flato que cuando aparecía obligaba a detener el entrenamiento. A lo largo de la carrera se iba cruzando con personas aquí y allá, unas paseaban, otras caminaban, iban en bicicleta o con patines, y de vez en cuando se cruzaba con otros corredores, algunas caras ya le resultaban familiares.
Empezó a notar como un hilo de sudor le corría espalda abajo, era lo único que le disgustaba de hacer deporte, pero era inevitable si quería mantenerse en la zona cardiovascular y eliminar toxinas.
No sólo le gustaba correr por el efecto biológico que esto producía en su cuerpo, se sentía adicto a las hormonas que el cuerpo segregaba, sino que también le permitía aislarse del mundo, abstraerse en sus pensamientos sin importarle lo que sucediera alrededor. Era un momento del día que sólo le pertenecía a él, se sentía igual que cuando en verano se sumergía en el mar aislándose de los estímulos exteriores, ojos cerrados, sonidos atenuados por el agua, sintiéndose conectado con las energías del planeta.
Llega al final del Paseo, va bajando el ritmo hasta que acaba caminando rápido, para parar y hacer unos estiramientos. En ello estaba cuando levanta la cabeza, y ahí está, la ve en todo su esplendor, exhuberante y llamativa, sonriendo con un punto de recato al resguardarse tras unos hilos de nubes. La culpable de toda esa intranquilidad.


23 febrero 2010

Día de playa


Sábado en la playa de Carvajal


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lamemoriadeadriano@gmail.com

21 febrero 2010

Flor del almendro

Flor del almendro en el campo familiar
Ya hacía tiempo que no lo sentía y ni siquiera se había dado cuenta, hacía meses que al despertar no le venía a la cabeza ningún nombre, no se acordaba de nadie, ni para bueno ni para malo. Hasta unos meses atrás, cada despertar conllevaba el esfuerzo de neutralizar el primer pensamiento del día, depende de la época concernía a la última relación (esforzándose en recordar los motivos por los que ya no era su pareja para facilitar la neutralización), o a la historia que mantenía que no le hacía feliz (organizando mentalmente el discurso de la ruptura). No sabía cuándo había empezado a ocurrir, pero acababa de darse cuenta de que ya no tenía ningún pensamiento de ese tipo al despertar. Y era muy liberador.
Había ocurrido cambios en su vida, pequeños, buscados, decididos de antemano, en torno a los cuales había construido una nueva rutina que era bastante parecida a la anterior, pero que la mejoraba mucho porque se dedicaba a mimarse en lugar de dedicarse a la búsqueda de algo que le faltaba y que no tenía claro qué era.
Decidió borrar el perfil de la página de contactos, hacía tiempo que dejó de conectarse a ella, desde que dejó de contestar a los mensajes porque en realidad se había dado cuenta de que no disfrutaba de esa práctica, por mucho que se hubiera puesto tan de moda. Los encuentros que había tenido, aún siendo buenos, no eran ni la mitad de buenos de los que había tenido a lo largo de su vida en situaciones más bien clásicas: conocer a alguien en persona, jugar a seducir o ser seducido para tener sexo o intentar tener una relación.
Dando un paseo por los dos últimos años, llegó a la conclusión de que se había pasado el tiempo buscando una pareja que ni siquiera quería tener, porque aún no estaba preparado para volver a confiar en alguien, para volver a entregarse a alguien.
De pronto le vino esa sensación de nuevo, la reconoció, le dio la bienvenida y le hizo espacio en su cama. Sintió en su interior la capacidad de compartir, no de entregar, su tiempo con alguien, de compartir, no de entregar, su economía con alguien, de compartir, no de entregar, su casa con alguien. Y sintió también que volvía a ser capaz de hacer algo por alguien, se veía a si mismo preparando la cena, con música de fondo, acompañado de alguien que aún no tenía cara, y esa idea no le produjo rechazo. Sintió la capacidad de disfrutar con ese enigmático alguien sin cara en compañía de su familia, de sus amigos, y sintió la capacidad de ofrecer exclusividad a ese futuro sin dudar de su capacidad de fidelidad.
Ya era un hecho, estaba preparado, una sensación de euforia le envolvió.

08 febrero 2010

Crecer duele



En el discurrir de la vida hay personas que salen de la nuestra y nunca volverán, aprendemos qué significa morir.
En el discurrir de la vida hay personas que salen de la nuestra y nunca volverán, aprendemos qué significa la amistad.
En el discurrir de la vida hay personas que salen de la nuestra y nunca volverán, aprendemos qué significa el desamor.
Crecer es aprender, aunque duela.

02 febrero 2010

Un oso hibernando


Bueno, llevo un par de semanas sin dedicarle tiempo a este pobre blog, y no será porque haya estado ocupado porque me he pasado un mes de enero tumbado a la bartola.
Resulta que hoy hace un mes que dejé de fumar, casi no me acuerdo, jajaja, en cuanto escribo menciono que he dejado de fumar, ¿hay alguien que aún no lo sepa?, pero es que es una decisión que cambia tu vida tanto que no puedo obviarlo cada vez que escribo sobre mi.
Ha sido un mes de enero muy introvertido, no he salido ni para tomar un café con los amigos, pero es que parece que los amigos han desaparecido. Al menos la estampida de los amigos de 2soles está producida por su relación, pero mi estampida, ¿por qué estará producida? ¿Será que he iniciado una relación firme con mi sofá y mi cama? Porque llevaba muchísimo tiempo sin dormir tanto como he dormido en el último mes, y claro, eso se me nota; entre que estoy durmiendo lo adecuado, en los horarios adecuados, y el hecho de dejar de fumar, se me está poniendo una piel reluciente, apenas tengo ojeras ni bolsas, y además mi estado de ánimo está en un continuo equilibrio. No tengo ningún estrés, el tiempo no existe más allá del horario de trabajo, el resto es mío, no tengo que pensar en nada más que en mi, no tomo café y como consecuencia no me pongo nervioso, no quedo con nadie y no me pone nervioso la idea de llegar tarde, no tengo que fumar un cigarrillo antes de entrenar, no tengo que pensar en cuántos cigarrillos me quedan y si tengo cambio para la máquina ni en qué máquina podría comprar tabaco. Estoy asentado en una permanente relajación que hace que el tiempo vaya a otro ritmo, tengo tiempo para todo, y lo mejor, es que tengo tiempo para descansar y dormir. Y mi cuerpo me lo está agradeciendo, está respondiendo muy rápidamente a la nueva rutina y a los nuevos hábitos.
Los fines de semana estoy disfrutando de estar en casa, organizarla bien, pasear con Rocco por la playa si hace sol, pegarme las siestas del sábado por la tarde que son las mejores, ver películas que tenía pendiente hace tiempo, leer el libro que estoy casi acabando (he tardado más porque en realidad no es muy bueno, pero ya me produce curiosidad el final).
De pronto me paro a pensar, mi teléfono ¿qué timbre tiene?; hace tanto que no suena que se me ha olvidado mi propio timbre. Esa idea me lleva a pensar, si mi teléfono no suena, qué ha pasado con mis amigos... ¿dónde estarán? Hago un repaso mental de ellos uno por uno, y resulta que a excepción de uno de ellos, al resto no lo he visto en todo un mes. Hemos hablado por teléfono, pero nadie ha hecho el más mínimo esfuerzo por quedar conmigo, es decir, por tener la voluntad de venir hasta Fuengirola a verme. Ahora que lo pienso, si yo no cojo el coche y me muevo hasta donde estén mis amigos, en aquellos días y momentos en que tienen un rato libre de sus respectivas parejas o follamigos, nadie hace lo propio en sentido inverso. A ver si va a ser que realmente no son mis amigos, o que mis amigos han dejado de necesitarme en sus vidas, a ver si va a ser que ya no soy necesario para ellos, a ver si va a ser que mis amigos solo son mis amigos si no tienen que esforzarse, y me esfuerzo yo en serlo para ellos. Aghhhh, de pronto se me cierran las vías respiratorias y me da el ataque de asma... el inhalador, ¿dónde está el inhalador?

19 enero 2010

To Zion

Está anocheciendo, las tardes ya se van alargando porque son cerca de las siete y aún hay luz. El cielo es uniforme, arañado sólo por líneas de nubes que parecen haberlas hecho con regla, unos trazos muy finos y muy rectos entre los que se pueden distinguir las hebras algodonosas.
Dando un paseo mientras escuchaba música he encontrado en mi Ipod el álbum de Lauryn Hill, The miseducation of Lauryn Hill. Hacía siglos que no lo escuchaba, lo he puesto con ansiedad y, en cuanto han empezado a sonar los acordes, me he trasladado al año 1999 o 2000. Le regalé este álbum a Jorge para su cumpleaños, me sentía orgulloso de que le gustara esta música, después de haber sufrido en silencio su afición a Estopa.
Recuerdo la primera vez que lo vi, era verano, me estaba recuperando de uno de mis habituales resfriados, necesitaba salir de casa pero no podía con el calor del sol en la playa, por lo que me refugié en un centro comercial. Escogí uno aleatoriamente, no tenía nada que comprar, nada que hacer. Estaba almorzando en un restaurante cuando lo vi pasar, caminando a todo lo largo del enorme pasillo, no pude levantar mis ojos de él ni por un segundo, él ni siquiera se dio cuenta de mi existencia.
La segunda vez me lo encontré en el Torero, un bar de moda de aquel entonces, lo vi con su novio y me entristecí, no solía sentirme atraído por alguien con tanta intensidad.
La noche que lo conocí, meses después, me habló de esa relación anterior que ya había acabado, yo no podía creer tener tanta suerte.
Una de las cosas que me enamoró de él fue su perfume, su perfume natural, le quitaba los calcetines y me envolvía un aroma a limpio y a fresco contra el que no me podía resistir. Nunca fui muy aficionado a los pies, pero los suyos, tan bonitos y con ese aroma, no podía evitar besarlos, acariciarlos con mi lengua. Tenía (y sigue teniendo) un culo poderoso, le llamaban pato por tener un culo bien puesto, no excesivamente grande, pero muy redondeado y respingón, que realzaba cualquier vaquero que se pusiera. Moreno, pelo negro, ojos marrón oscuros bordeados de pestañas tan negras como su pelo, y unos labios carnosos, grandes, muy morbosos. Como decía antes, físicamente me enamoró ya mucho antes de conocerlo en persona, pues ejercía una poderosa atracción sobre mi.
La primera vez que nos fuimos a la cama no podía dejar de mirarlo, no me creía que este fuera el mismo chico que me había visto en el centro comercial, no me creía que pudiera ser tan afortunado.
Me siento en el primer banco que encuentro y cierro los ojos dejándome llevar por el ritmo de Zion. De nuevo me encuentro en la habitación de la casa que compartíamos Jorge y yo, con las velas que me gustaba encender para ambientar el dormitorio, una sobre la cajonera alta, otra en una esquina, y otra en la mesita de noche. Me veo a mi mismo desnudándolo, acariciando los rizos de sus piernas, su pubis anidado en mis dedos, su pecho poco poblado, besando sus labios prominentes, le miro a los ojos y me veo en el reflejo de su brillo, lo vuelvo de espaldas para lamerlo de arriba abajo, entreteniéndome en su culo bien firme, disfrutando de su aroma, penetrándolo. Atrapo de nuevo uno de esos momentos, lo vuelvo a vivir, ¿se puede vivir de los recuerdos? Hay épocas en mi vida que prefiero nutrirme de los buenos recuerdos que arriesgarme a nuevas experiencias, y nunca, nada de lo que viva, podrá borrar la intensidad de esos sentimientos. Sé que volveré a enamorarme, pero estoy seguro que la intensidad de lo que he vivido no podrá superarse, sólo podrá repetirse, aunque sea con una persona diferente.
Este álbum es la banda sonora de nuestro amor, porque se fue fortaleciendo al ritmo de sus melodías, disfrutamos de horas de sexo con esa música de fondo, y siempre quedará en mi recuerdo nuestro amor como una de las mejores historias de mi vida. Como ese álbum, que para mi es uno de los mejores de la historia de la música.
Con Jorge conviví poco tiempo, pero quizás por eso mismo la ruptura fue más dura, porque quedaron muchas etapas sin vivir, no hubo un declive, no hubo un engaño, no hubo un deterioro progresivo que nos hiciera pensar que ya era irreparable. Sólo unas diferencias en la convivencia y cierta incompatibilidad que, con la perspectiva del tiempo, estoy seguro que podríamos haber pulido si hubiéramos puesto de nuestra parte. Pero éramos tan jóvenes, creíamos que el mundo estaba lleno de personas como nosotros, que nos sustituiríamos mutuamente con facilidad.
Después de él, no pude conocer a nadie al menos en un año, no era capaz de acercarme a otros labios.
Creo que estas cosas pasan solo una vez en la vida, y a mi ya me ha pasado.


16 enero 2010

Asustando a las gaviotas


Acabo de ver Mapa de los sonidos de Tokyo, y creo que Coixet aún no ha podido superar Mi vida sin mi. Una película muy visual que a mi me ha resultado lenta, la historia en sí tampoco me ha parecido interesante, creo que lo mejor de la peli es darme una vuelta por la ciudad de Tokyo, que tanto conozco en mi imaginación a través de las novelas de Murakami.
En algún momento, y no sé por qué me ha recordado a un día de hace casi siete años, festivo para mi, en el que un amigo iba a cocinar su especialidad en mi casa; antes de que llegara había estado tomando el sol en la terraza con mis vecinos, y cuando llegó lo recibimos en nuestros minibañadores, parecíamos un video de Wham.
Después de comer se reunió con nosotros el chico al que estaba conociendo, y me sentí un poco avergonzado. Me avergonzaba de que mis amigos pudieran avergonzarse de él, pues cuando llegó directamente del trabajo venía con un pantalón de chándal feo, y todo él estaba sucio de pasarse toda la mañana limpiando (era su trabajo).
Era la primera vez que me enfrentaba a las diferencias sociales desde una posición superior: nosotros unos tíos acomodados con unos trabajos estables (administrativos, profesores...), él un inmigrante recién llegado (todavía ilegal) que limpiaba para ganarse la vida. Me preocupaba que nuestra situación acomodada pudiera hacerle sentir incómodo, o que mis amigos le hicieran avergonzarse de su situación. Me sorprende que su situación no me importara en absoluto; siendo honestos, todos soñamos con que nuestra pareja tenga solvencia, un trabajo interesante, en definitiva, que el halo de sus logros nos cobije y nos haga olvidar nuestros fracasos. En el caso de aquel chico, tenía que verlo desde el ángulo opuesto, desde el otro lado del espejo, iba a ser yo el que ofreciera esa estabilidad y apoyo a mi futura pareja.
Lo veo aún sentado en una tarde de finales de mayo, un día caluroso que adelantaba un mes el verano. La cinturilla del feo pantalón de chándal se apretaba a una cintura perfecta a la que no le sobraba ni un gramo, dejando al aire el comienzo del corte inguinal; un vello castaño tirando a rubio, que cubría su abdomen dejando ver los pliegues de unos abdominales bonitos por naturaleza, no por esfuerzo, se arrebolaban alrededor de un ombligo redondo cuyo saliente, una bolita rosácea, dejaba intuir una antigua hernia. Su pecho era plano, con una aureola pequeña, con un pezón apenas dibujado, su cuello largo, y sus facciones marcadas. A través de unos labios que siempre llevaba húmedos, dejaba entrever unos dientes blancos, cuyos frontales estaban separados por un hueco. Unos ojos color miel, con un regusto verdoso brillaban cuando sonreía, no paraban de moverse, confesando la incomodidad que la reunión le causaba, sabiendo que siempre era así al principio, cuando se están construyendo nuevas amistades. Su pelo estaba crecido excepto por la parte del flequillo, por todos lados se asomaban picos de mechones, con algún que otro rizo, en un cabello castaño claro, que enmarcaban una cara joven con gran necesidad afectiva. Ese día todo salió bien, y con esta descripción es normal que acabáramos viviendo juntos.
Llevo sin escribir todo lo que llevamos de año, y es que últimamente he estado cambiando rutinas. Dejé de fumar tal y como me había propuesto, y no había intentado escribir porque sabía que iba a echar de menos mis caladas cuando no consigo encontrar una palabra determinada, o un sentido en especial. Esa parte romántica de fumar y escribir es algo a lo que aún me tenía que enfrentar, así que he necesitado cierto tiempo para fortalecerme.
Volví al gimnasio y aún estoy lleno de agujetas por todo el cuerpo, pero solo con empezar a entrenar me siento mejor conmigo mismo, mi cuerpo responde pronto, y me hace sentir que ya estoy en camino de volver a mi estado habitual. Desde que dejé de fumar también me siento más deportista, porque hacer deporte y fumar parece algo incompatible, desde que lo dejé me siento más coherente potenciando actividades saludables.
Estos días me he refugiado en casa, en mi habitual etapa de hibernación de esta época del año, no me apetece salir, no me apetece conocer gente, solo quiero estar calentito en casa, con Rocco (al que veis en la foto asustando a las gaviotas), viendo películas o series de tv (estoy enganchdo a Dexter); el sábado pasado, como hizo sol, me llevé a Rocco a la playa y estuve usándolo de modelo fotográfico. Tengo muy abandonada la fotografía, esta noche he soñado que estaba haciendo fotos y la cámara no respondía a las órdenes, como si no supiera utilizarla. Deben ser los remordimientos por no trabajar en ello.