21 septiembre 2009

La barra de equilibrio



De vuelta otra vez, cada fin de semana ocurre lo mismo: llego a Madrid lleno de ilusión, disfruto de recorrer la ciudad solo, a la espera de que salgas del trabajo. Luego pasamos el finde juntos, el tiempo vuela, los minutos son segundos, las horas minutos.
Y de nuevo me encuentro en el asiento pensando en ti, intentando inventarme un próximo encuentro. A medida que el tren se aleja, parece que se erige entre tú y yo una distancia no solo física, también emocional. La intimidad que recuperamos en cada encuentro vuelve a esfumarse, sustituida por conversaciones telefónicas llenas de silencios tuyos, y llenas de verborrea incontenible mía, que intenta disimular la falta de comunicación.
Me hace mucha ilusión hablar contigo, más bien es una necesidad básica: oir tu voz, analizarla, encontrar en el tono una vibración especial que me diga lo que tus palabras no dicen. Busco en ellas la constatación de que realmente sientes algo por mi.
Y no es fácil, tus actos hablan más que tus palabras, de hecho son casi lo único que me hablan de sentimientos.
Y ese silencio tuyo amordaza mis palabras, intentando evitar un desequilibrio de sentimientos entre ambos.
Y esa mordaza amuerma mis sentimientos, porque no quieren arriesgarse a saltar sin la red de seguridad.
Me siento un saltimbanqui sin la barra de equilibrio, a punto de salir a hacer su número; y piensa que será el último.
Luego me digo que es muy pronto, apenas ha pasado un mes y una semana, pero ya se me olvidó qué hacía y quién era antes de conocerte.
Cada fin de semana que pasamos juntos es un nuevo capítulo de nuestra historia que se escribe, en cada capítulo hay una de cal y otra de arena. La cal para mi son los espacios en blanco donde deberían haber palabras que hablen de sentimientos; la arena son todo esos actos que los demuestran.
Y sigo sin saber qué hacer, si salir a escena, o esperar a que me entregues la barra de equilibrio.


En el AVE, de regreso a casa.

7 comentarios:

theodore dijo...

Me da como cosica comentar en este post tan "privado" (y tan bien escrito/expresado, como es habitual), pero aprovecho que paso por aquí para mandarte saludos, besos, y esperar que aproveches cada instante en escena, dure la función el tiempo que dure. Y si la barra de equilibrio fallara, recuerda que tienes una red (física y bloguera) que aguantará tu caida. Pero no tienes por qué caer...

Un besote funambulístico.

Ut dijo...

ufff, que complicado!!!! ... quizás lo mejor sea dejarse llevar a ver que pasa.

Un saludo

Ut

Ut dijo...

... gracias a ti.

Ut

Argax dijo...

¡Ay esa vena que conecta el sur con la capital! ¿A lo mejor es una artería? Deseo que así sea. Coincido con Theodore en que hay que bailar mientras dure la música y después ya se verá si ponen otra canción.

Un saludo.

silver´smoon dijo...

Hola,
acabo de descubrir tu blog gracias a UT y me encantas como escribes.

Y no sería mejor que no esperes que nadie te pase la barra del equilbrio y salir a escena con lo puesto? al final lo que nos sale del alma nunca se equivoca.

Un saludo y enhorabuena por tu blog

Alfonso Ortega dijo...

Que bien describes/escribes esa sensación de vuelta a la realidad cotidiana, despues de una escapada a la ciudad de nuestro amor de larga distancia, y los pros que esto conlleva.Bsos

Alfonso Ortega dijo...

y los contra