13 junio 2009

En la orilla


Camino al atardecer por la orilla de mi alma, pequeñas olas lamen mis pies, no puedo evitar girar mi cabeza para ver lo que ha quedado atrás, pero no tengo miedo a convertirme en una estatua de sal.
Hormigas recorren mi orilla, estelas de huellas que longitudinalmente dibujan tramos de tiempo.
Muy a lo lejos veo la orilla lisa, virgen, sin marcas, sin pisadas, sin piedras ni deshechos marinos.
A menor distancia comienzo a ver huellas, esparcidas aquí y allá, que solo han dado un par de pasos sobre ella.
A medio camino veo pisadas que recorren un gran tramo de esta orilla, sobre la que han permanecido muchos pasos, casi todos en línea recta, con alguna curva, algún desvarío, y que han ayudado a construir esta playa en la que me encuentro.
Algunas huellas son profundas, se hunden en la árena húmeda excavando grandes huecos que difícilmente podrán rellenarse. Entre éstas, las hay que recorren un gran tramo, otras solo unos metros, pero siguen siendo igual de profundas.
Otras son leves, casi no se aprecian, ya han sido borradas por el paso del tiempo y la erosión, o están a punto de desaparecer.
Hileras de pisadas que se suceden unas a otras sin simultanearse, entremezcladas con espacios en blanco, tramos de tiempo vacíos. Giro mi cabeza hacia adelante, sigo caminando entre las olas, unos metros por delante bajo la mirada y leo un nombre escrito en la orilla.
Levanto la vista al frente y por delante la arena está recién lavada por las olas, sin una marca, sin una huella, sin una pisada, preparada para ser horadada por nuevos andares.

8 comentarios:

sardinita dijo...

nene, ¿quien ha sido?
(gracias por tus palabras, por todas y cada una)
:**************

Didac Valmon dijo...

qué preciosidad, es difícil explicar el placer que produice leerte

Stultifer dijo...

Escribir en la playa es más virtual que escribir en un blog. Llega el agua y borra las palabras.

theodore dijo...

Precioso. Espero que las pisadas en esa nueva arena sean firmes y el caminar placentero.

Un besote.

Stanley Kowalski dijo...

Fantástico texto, es un deleite leerte. Me encanta hacerlo.

Mil gracias por tanto afecto.


BESOTES HERMOSO Y BUENA SEMANA!!!!

The Aloofness dijo...

Qué felicidad saber que el hombre no es arena de playa, qué placer poder conservar las huellas y sus profundidades, aunque a veces estén hechas con zapatillas de tacos afilados. Feliz memoria, Adriano.

Anónimo dijo...

Cuando leí por primera vez el post de Fría tarde Suiza, siempre pensé que habría continuación :-) :-) :-) la manera de describir al chico misterioso por parte del narrador, nos lo hacía presagiar.

Sin embargo; nunca imaginé que 3 semanas más tarde aquel desencuentro/encuentro diese lugar unas reflexiones y a una metáfora, con denominador común: playa, tan bonita. De veras está muy bien escrito y estoy seguro de que a todos nos ha gustado.

Me pregunto, que receta mágica habrán usado estos 2 chicos, para que todo resulte tan natural y bonito. Me atrevería a adivinar que se basa en mucha, …frecuente…. y sincera comunicación.

Ojalá todo le vaya tan bien como hasta ahora….estoy seguro de que ambos se lo merecen. :-) :-)

arguifonte dijo...

Yo soy muy de pisar, andar, reflexionar y hacer círculos imperfectos con el pie en las arenas de las playas. Lástima que las que nos rodean estén siempre atestadas de gente, hidropedales y paletas... Estoy deseando volver a hacer círculos en mi playa de Cádiz.

Me ha gustado tu entrada,

Un saludo